Cuando les pregunto a mis pacientes sobre cómo les gustaría envejecer, me responden por lo menos alguno de estos 3 puntos: 1) “En pleno uso de mis facultades mentales”, 2) “De acuerdo a mis ideales” y 3) “Sin necesitar ser cuidado por otros ni convertirme en una carga”.

Algunas características del envejecimiento son: Es heterogéneo (cada persona lo experimenta en grado y tiempo distinto); Es irreversible (No da marcha atrás); Es universal (Todo ser vivo lo hace, especialmente los humanos); Es progresivo (Es continuo – y cada día un poco más).

Envejecer no sólo depende de nuestra herencia genética, también del estilo de vida, de los tóxicos ambientales a los cuales nos expusimos, de las condiciones socioeconómicas, del estrés bajo el cual vivimos, y también depende de la cultura hacia el anciano. El envejecimiento humano se caracteriza por 4 elementos que participan en cada parte del cuerpo: Lentitud, Rigidez, Disminución de la función y Adelgazamiento.

Envejecer con éxito, satisfactoriamente, con dignidad, activamente, idealmente o como se le quiera llamar es un tema un poco subjetivo, así como querer definir “calidad de vida”. Apenas a mediados del siglo pasado se comenzó a hablar de envejecimiento exitoso. En los 80’s los investigadores Rowe y Kahn quisieron separar el concepto de enfermedad del envejecimiento, puesto que anteriormente se pensaba que la vejez era una enfermedad o que era una etapa de vida necesaria e intrínsecamente ligada a la enfermedad.

La definición de “éxito” puede ser muy relativa, alguien podría decir que este hombre es exitoso pues disfruta su vejez solo en esa banca, alguien más podría decir lo contrario, que está solo en una banca.

Definición de envejecimiento exitoso:  1) Baja probabilidad de enfermedad y discapacidad asociada a enfermedades; 2) Alto rendimiento físico y cognitivo; y 3) Alto compromiso con la vida mediante el mantenimiento de relaciones interpersonales y la participación en actividades significativas. Aunque originalmente no la incluyeron en su definición, se sabe que un buen nivel de espiritualidad positiva mejora las actitudes hacia nuestra propia vejez.

Cosas que no suelen ser significativas o de gran importancia para los adultos mayores son: el vivir muchos años, el tener los genes de la longevidad, el dejar huella en la vida de nuevas generaciones, entre otros puntos. En medicina hablamos de quimioprofilaxis (prevenir el avance del cáncer con antimetabolitos), de tromboprofilaxis (prevenir un coágulo en la sangre) e incluso de psicoprofilaxis (preparar psicológicamente a la mujer para un parto natural). Pero también hablamos de gerontoprofilaxis.

¿Qué es gerontoprofilaxis? Es conocer el proceso de vejez, de nuestra propia vejez. Es aceptar lo irremediable, modificar lo recuperable y ser dueño de nuestras decisiones. Me recordó algo de la oración de la serenidad. Oración de la serenidad: “Señor, concédeme el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, la paciencia para aceptar las cosas que no puedo cambiar, y sabiduría para reconocer la diferencia”.

Dijo Einstein: “La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio debes permanecer en movimiento”. Si uno deja de pedalear se puede caer, literalmente. Mantenerse en movimiento se refiere al efecto benéfico del ejercicio como única medida real anti-envejecimiento.

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